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La conservación de los alimentos ha sido siempre una preocupación a lo largo de la historia. Se conocen técnicas desde la antigüedad que buscaban conservar los alimentos el mayor tiempo posible para consumirlos posteriormente según las necesidades. Entre estas técnicas se encontraban la salazón, el adobo, el ahumado o la inmersión en aceite.

Hoy vamos a centrarnos en esta última. Originariamente, el aceite no era el ingrediente principal del proceso. Se usaba la manteca, grasa procedente del vientre del cerdo con aspecto sólido a temperatura ambiente y color blanquecino. Los productos que se obtenían de la matanza se conservaban en grandes ollas o tinajas de barro cubiertas con esta grasa. Así se lograba formar una capa que no dejaba pasar el aire para que los alimentos no se deteriorasen y se pudiese disponer de ellos durante largos períodos.

Actualmente, muchas familias mantienen esta costumbre realizando el proceso de la forma mas tradicional, es decir, manteniendo las ollas de barro y usando la manteca coma conservante. Comercialmente, es mas habitual encontrar el producto envasado en tarros de vidrio o envases de plástico. El producto se cubre de aceite, que puede ser de varias tipos y calidades, siendo el mas habitual el de girasol, tanto por su coste como por ser de sabor mas suave que el de oliva.

En cuanto a los productos que se venden en aceite, los mas frecuentes son el chorizo y el lomo, aunque se pueden ver otros derivados cárnicos coma las costillas o la panceta. Todos estos sufren antes un tratamiento térmico, ligera fritura, que alarga su vida útil. La caducidad de este tipo de alimento está entorno al año, siempre que se conserve en las condiciones adecuadas. Lo ideal es mantener estos tarros o botes en lugares frescos como pueden ser las despensas. Si no se dispone de ellas, es preferible guardarlo en el frigorífico, sobre todo una vez abierto. Para degustarlos sólo tenemos que abrirlos y calentar durante pocos minutes el producto a la sartén o bien en el microondas. Si no se consume todo lo que se ha calentado no hay inconveniente en meterlo de nuevo en el recipiente, teniendo en cuenta que el aceite siempre debe cubrir todas las piezas para evitar la aparición indeseada de moho.

Una vez consumido todo el producto, el aceite puede reutilizarse para cualquier guiso, ya que es de alta calidad y posee un sabor exquisito.

Par lo tanto hoy en día no hay excusa para no poder disfrutar de los embutidos en cualquier momento gracias a los métodos de conservación, procedentes de la experiencia y sabiduría artesanal, que nos permiten consumir estos jugosos y sabrosos manjares, sin preocuparnos de cómo mantenerlos para que no se estropeen.