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Las consultas sobre comer jamón en el embarazo están entre las más frecuentes en las clínicas de Ginecología, al menos en lo que se refiere a alimentación. Las mujeres dudan cuando alguien de su entorno les aconseja sobre sus hábitos, pero, ¿está fundamentada la recomendación de no comer jamón?

 

La Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) afirma que si el producto ha pasado los controles de calidad exigidos por Sanidad en la cadena de producción, es seguro. Es difícil que en esas condiciones contenga patógenos que puedan atravesar la placenta.

¿Por qué dicen que no se puede comer en el embarazo?

Hasta ahora, si jamón y embarazadas aparecían como un binomio irreconciliable era por la toxoplasmosis. Como explica Mayo Clinic, se trata de una enfermedad producida por la infección de un parásito, el Toxoplasma gondii, uno de los más comunes del mundo.

 

Lo más frecuente es contraer la enfermedad por haber consumido carne contaminada que se ha cocido mal o no se ha cocido. El jamón es un producto curado y no cocido, es decir, se somete a un proceso de salazón y se seca al aire. Por eso se ha asociado a mayores posibilidades de presencia del patógeno.

 

La toxoplasmosis también se puede contraer por la exposición a heces de gatos infectados. Es una enfermedad relativamente frecuente que puede generar síntomas parecidos a los de la gripe, sin más complicaciones para personas sanas y, entre ellas, mujeres que no estén embarazadas. Sin embargo, representa especial peligro para las mujeres que están gestando porque es capaz de atravesar la placenta y generar complicaciones graves

 

Otro patógeno a tener en cuenta es la Listeria monocytogenes, una bacteria que causa la listeriosis. Como sucede con la toxoplasmosis, la infección también se produce por comer carne contaminada y especialmente peligrosa para las mujeres embarazadas, por el riesgo de que atraviese la placenta y cause una enfermedad grave en el bebé. También es peligrosa para los/as adultos/as mayores de 65 años y las personas con un sistema inmunitario debilitado.

Entonces, ¿puedo comer jamón en el embarazo?

A día de hoy, se considera seguro comer jamón en el embarazo siempre que se trate de productos que han pasado todos los controles de calidad. Así lo indica la SEGO y lo avalan estudios como el de las universidades de Granada y Valencia que se publicó en 2016. Según este, el método tradicional de salado y curación asegura la eliminación de patógenos.

 

Eso sí, es necesario que el producto se haya sometido a los procesos de maduración que indica la normativa vigente. Esto se traduce en optar por productos de una calidad contrastada como jamones Pinante, que pasan todos los controles de Sanidad. Aún así, siendo la gestación un periodo concreto de tiempo, desde Pinante te recomendamos que congeles el jamón para una mayor seguridad. Y si no es posible, al menos ser comedidos en el consumo durante esta etapa.

 

Lo que no se recomienda es consumir productos de la matanza, es decir, aquellos que se elaboran siguiendo procedimientos tradicionales en las zonas rurales. El animal sí habrá pasado los controles de calidad, pero las diferentes partes y el proceso de elaboración no. Por lo tanto, no se puede considerar seguro.

 

Hay que añadir una cuestión importante: si la mujer ya había pasado la toxoplasmosis antes de estar embarazada, serán aún más seguro comer carnes no cocidas. No se considera que haya riesgos de segundo contagio de toxoplasmosis, y con el llamado toxotest se puede observar la posible presencia de anticuerpos. 

➡️¿Qué jamón puede comer una embarazada?

El concepto de jamón es muy amplio: es la pierna trasera del cerdo que ha podido ser curada o cocida entera. En principio, solo la carne que no está cocida resultaría problemática, aunque ya hemos explicado que la curación acogida a los criterios de Sanidad se considera segura.

 

Repasamos los tipos de jamón más frecuentes para ver cómo podría encajar su consumo en la dieta de una embarazada.

➡️¿Puedo comer jamón serrano?

El jamón serrano se considera un alimento cardiosaludable que aporta minerales, vitaminas y ácido oleico para mejorar los niveles de colesterol. El jamón serrano Reserva Pinante, así como el Gran Reserva, pasa los controles de calidad necesarios para ser considerado seguro. Cuanto más más meses haya pasado en el secadero, más seguro será su consumo ya que disminuye la humedad del producto y esto reduce la posibilidad de aparición de Listeria.

 

Es ideal para aquellas a las que preocupa poner mucho peso durante el embarazo, pero no quieren renunciar al disfrute. El Gran Reserva, por ejemplo, tiene solo 319 kcal por cada 100 gramos, y 23,3 g de grasa. En una dieta de 2000 calorías diarias, por ejemplo, se deben consumir de 44 a 78 g al día, según los cálculos de Mayo Clinic.  

➡️¿Puedo comer jamón ibérico?

Como ya hemos comentado, Cuanto más dure la curación del jamón, mayor será la seguridad de consumir el producto. Por lo general, los jamones ibéricos de cebo necesitan unos 24 meses de curación, y los ibéricos de bellota se demoran unos 36 meses. Los estudios indican que entre 14 y 18 meses es tiempo suficiente, así que el jamón ibérico pasa el filtro con creces.

En nuestro catálogo tienes productos como el jamón de bellota ibérico, la paleta de bellota 100% ibérica o el jamón de cebo de campo ibérico. Aporta más calorías y grasas que el serrano, pero tiene cabida dentro de la dieta si se balancea adecuadamente.

➡️¿Puedo comer croquetas de jamón?

¡Por supuesto! La materia prima, como hemos visto, es segura si optas por un producto industrial de calidad. Pero, además, estarás añadiendo procesos de cocción que despejarán cualquier atisbo de duda que pudiera haber. En nuestro blog tenemos un suculento recopilatorio con las mejores recetas de croquetas de jamón.

➡️¿Puedo comer jamón de York o jamón cocido?

El jamón de York es un fiambre de la carne de cerdo que se somete a procesos de cocción de agua salada. Al estar cocido, se elimina la presencia de patógenos como los comentados, y por lo tanto se considera seguro. Puedes comerlo sin problemas. 

Cómo comer jamón serrano en el embarazo

Considerando lo que te hemos comentado hasta ahora, el jamón serrano o el ibérico pueden ser consumidos como habitualmente, cortados en lonchas que conservan todo su sabor y sus aromas sin procedimientos que los alteren. Aún así, para no albergar dudas, recomendamos alguno de los siguientes métodos. 

✔️Congelar el jamón durante el embarazo

La clave está en saber cuánto tiempo congelar el jamón durante el embarazo. La recomendación es dejarlo durante al menos 10 días a -22ºC, tiempo y temperaturas suficientes como para eliminar patógenos. Ten en cuenta, eso sí, que la congelación hará que el producto pierda matices de textura, aroma y sabor.

✔️Jamón serrano al horno

Las cocciones que superen los 65ºC serán suficientes para eliminar patógenos, así que otra opción es hacerlo al horno. El resultado son chips de jamón serrano que aportan una textura crujiente muy interesante, de manera que la elaboración ha ganado adeptos no solo entre las mujeres embarazadas.

 

Basta con colocar las lonchas sobre papel vegetal en una bandeja de horno, y dejar hornear a 180ºC durante unos 20 minutos. Si quieres evitar que las lonchas se doblen demasiado, puedes poner encima más papel vegetal y algún recipiente apto que haga peso.

✔️Jamón serrano frito o la plancha

El jamón serrano frito o a la plancha puede convertirse en la estrella de múltiples platos: a tacos acompañando a verduras, en la pasta, en croquetas, con legumbres y arroces o componiendo el clásico combinando con huevos y patatas fritas. En los últimos años se ha redescubierto esta modalidad y causado todo un boom.

 

Para una buena fritura, los chefs expertos aconsejan que el aceite esté a menos de 180ºC. Es más que suficiente para despejar cualquier atisbo de duda sobre la presencia del patógeno, aunque obviamente se alteran los matices.

 

En resumen, el jamón es un producto apto para mujeres embarazadas siempre que se adscriba a procesos de producción industriales controlados por Sanidad, que dispone una normativa a la que hay que acogerse. Los procesos de curación a partir de los 14-18 meses son seguros, pero si quedan dudas se puede recurrir a otros métodos como la congelación o diferentes procesos de cocinado.